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El mundo está lleno de paletas

Black Make up Palette with Eye Shadow

¿Hacen falta tantas paletas de sombras en el mundo? Esta pregunta suele asaltarme cuando las principales marcas de cosmética presentan nueva colección. O sea, un mínimo de cuatro veces al año. Unas cincuenta y seis, si uno se deja llevar por el fervor de lanzamientos de firmas como M·A·C Cosmetics.

A mí, que en muy raras ocasiones me maquillo los ojos con sombras, se me antoja muy complicado que las firmas consigan encajar nuevos packs de 3 o 5 sombras (ya saben, para hacerse unos ojos ahumados o, simplemente, jugar con los colores) cada tres meses. Sobre todo porque el rango cromático en el que muchas se mueven es bastante escueto: grises, ocres, rosados y, en un alarde de creatividad, algunos azules o verdes. La sensación, al final, es de presenciar una y otra vez el día de la marmota.

Por supuesto muchas firmas (la anteriormente mencionada M·A·C, NYX, E.L.F…) llevan el espectro de colores más allá (neones, morados, fucsias, rojos…), pero dudo seriamente que el grueso de sus ventas derive de esa extravagancia que, más bien, busca validar la idea de que la firma es creativa y ofrece herramientas para crear cualquier tipo de maquillaje.

Otras marcas envidan a grande. Quieren que su propuesta se convierta en referente, aunque el producto que entregan pese y abulte tanto que, por ambos factores, casi ni puede viajar en equipaje de mano. Es la teoría del granel: ¿Para qué presentar cinco colores si te puedo inclur en un mismo envase todos los que vas a usar en tu vida, ya sean mate o iridiscente? Pienso en las paletas MetalMatte de Kat Von D o en la popular línea Naked de Urban Decay. Las adolescentes que las usan arguyen, como auténticas prosumers, que pigmentan especialmente bien. Yo ahí veo un exitoso trabajo del equipo de marketing. Nunca jamás imaginé que la gama de los nude pudiese dar tanto pie a spin offs y que la gente sintiese la imperiosa necesidad de tener (y usar) decenas de paletas de sombras en tonos neutros. ¿En qué momento acaparar paletas se convirtió en un símbolo de estatus?
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Díganme la verdad, ustedes que usan estas sombras, ¿de cada paleta gastan las que más les gusta y dejan las 99 restantes sin estrenar (como haría yo)?, ¿las coleccionan para venderlas al mejor postor dentro de unos años (yo también haría esto)?, ¿se maquillan noche y día para terminarlas antes de que salga la siguiente edición limitada?, ¿alguna vez han usado el tono azul que siempre viene?, ¿Cuántas tienen (realmente)?, ¿Dónde almacenan semejante arsenal?, cuando se van de vacaciones, ¿cuantas se llevan?… Respóndanme para ver si, en este asunto de las paletas, me siento un poco menos ídem.

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Así se hace una producción de belleza

BELLEZAMARZOLa sección de belleza de nuestra edición impresa se abre cada mes con un reportaje editorial en el que se resumen las últimas tendencias en piel, maquillaje o cabello. Son alrededor de seis fotografías que se realizan en una jornada laboral. Su preparación, sin embargo, puede requerir meses. Créanme, no es fácil convencer a Peter Philips, director creativo de imagen y maquillaje de Dior, para que haga un hueco en su apretada agenda, saque brocha y pincel y entregue seis looks solo para ti.

El pasado diciembre llamamos a la puerta de M·A·C Cosmetics porque queríamos que el fantástico Baltasar G. Pinel (todos los elogios son pocos para su talento profesional y magnetismo personal), uno de sus ocho directores creativos globales, interpretara para nosotros las tendencias de esta primavera. Una vez bloqueado el día en su trepidante agenda (en serio, no se imaginan lo que viaja este chico), comenzamos a trabajar la idea creativa: en la revista buscábamos, reitero, una visión experta de las tendencias de maquillaje; él nos propuso un panel de inspiración con tintes historicistas y plagado de gorgueras. A partir de ahí comenzamos a aunar posiciones conscientes de que el día del shooting todo podía cambiar con la influencia del fotógrafo, la estilista, el rostro al natural de la modelo, la peluquera…

Y vaya si cambió. La luz oscurantista acabó siendo de un precioso y sutil ocre, y el cuello infinito de Olga Sherer incitaba a cambiar las gorgueras por unos increíbles joyones que realzaban el maquillaje y los efectos perlados de la piel con que Pinel constataba que el nácar se ha impregnado en todas las áreas de la cosmética. Las tendencias de primavera, ¿saben qué?, acabaron por convertirse en una oda al colorete de una manera tan orgánica que no nos dimos cuenta hasta que tuvimos la selección de imágenes. Éste es el resultado final.

Una vez Laura Ponte me hablaba de cómo los días de sesiones de fotos se formaban nuevas, extrañas y efímeras familias. Y añadía lo chulo que sería poder extrapolar esa experiencia a otros ámbitos de la vida sin que pareciese una locura. Su impresión es muy cierta. Imagínese pasar un día completo recluido en una sala con una decena de personas. Yo lo he vivido y les prometo (no exagero) que al final de la jornada puede saber incluso el tipo de pienso que toma el perro del asistente del asistente del asistente.

MAC1Baltasar G. Pinel retocando (con cantidades sobrehumanas de bronceador) el rostro de Olga Sherer entre foto y foto. Así echamos el día.

Es como un Gran Hermano en chiquitito y organizado. Primero va el maquillaje, luego la peluquería, luego la manicura (el orden de estos tres factores no suele alterar el producto), se elige el estilismo (ahí sí que interviene hasta guisante número tres para dar la opinión) y se hace la foto. Mientras, el resto de profesionales suele agolparse frente a la pantalla del operador digital para ver cómo van cayendo las instantáneas y hacer sugerencias o corregir algo de su trabajo. A veces se van a fumar. O a almorzar. Otras están, paleta de sombras en mano, esperando cualquier receso para corregir imperfecciones. El proceso se repite tantas veces como número de imágenes se hayan programado. Aviso para navegantes: siempre se demora más en la primera, por eso de que hay que calentar y unificar motores.

Resulta inspirador y refrescante participar en una sesión fotografía como la que entregamos este mes de marzo en las páginas de Harper’s Bazaar, realizada en Madrid el pasado 8 de enero. Una de las mayores lecciones que uno se lleva de estos shootings es que, a veces, el éxito consiste en dejar la sesión fluir para que todos los talentos tengan su propia voz.

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Pat McGrath ha tenido una idea brillante

Pat McGrath (izquierda) y Eva Chen.La maquilladora Pat McGrath (izda.) y Eva Chen, jefa de la divisón de moda en Instagram, durante la demostración en las Tullerías francesas de Gold 001 (octubre).

A diferencia de los creadores de moda (llámenle Dior, Balenciaga o Chanel), la gente no suele saber quiénes son los responsables de sus cosméticos. Muchos, ingenuos, ni siquiera sospechan que en maquillaje, igual que en costura, hay temporadas y que el colorido evoluciona al compás de las mismas. Por no hablar del tiempo de previsión con que se comienza a esbozar cada producto (una media de dos años de adelanto, a diferencia de la moda, que comienza a trabajar con uno de previsión).

Hay algo en lo que coinciden ambas industrias: las estrellas (y los egos) refulgen con igual pasión. Pongamos como ejemplo a la canonizada Pat McGrath (Northampton, Reino Unido, 1970). Quizá para vuestros progenitores (o la paciente señora de Murcia, a la que apelamos en todos los medios cuando nos autopreguntamos si nuestro contenido es para todos los públicos) el nombre no resulte conocido, pero en la cosmética es poco más que Buddha reencarnado. Ha trabajado con los más grandes, es favorita de las supermodelos y su currículum la apuntala como directora creativa global de Procter & Gamble (principalmente de sus dos líneas de maquillaje, MaxFactor y Covergirl, aunque también trabajó en lanzamientos de las divisiones de lujo, como Dolce & Gabbana y Gucci).

Se ha encargado, por supuesto, de crear el maquillaje de TODAS las campañas que se puedan imaginar. Vaya si es la mejor. Hasta la reina Isabel de Inglaterra la condecoró como Miembro de la Orden del Imperio Británico. Nada mal para una persona de la que la sempiterna señora de Murcia no ha oído ni hablar, pero que se inventa el colorete que llevaremos la próxima primavera. Y, creedme, quizá no queramos, pero sin darnos cuenta lo llevaremos.

El caso es que el pasado verano, en una decisión que provocó la algarabía de la siempre excitable industria de la moda, anunció el lanzamiento de su propia línea cosmética. Hasta ahí nada nuevo. François Nars, Bobbi Brown, Terry de Gunzburg o Dany Sanz (fundadora de Make Up For Ever) recorrieron ese camino antes que ella. Pero el buzz generado por McGrath fue absolutamente diferente al de sus predecesores. Comenzaría con un aperitivo: solo produciría 1.000 ejemplares de su primer producto cosmético.

InstagramPatMcGrathGoldIlustración de Donald Robertson inspirada en Gold 001, primer producto lanzado por Pat McGrath con su propia marca.

En un principio no se sabía de que se trataba. Pero uno podía pre-registrarse en su página web para permanecer informado (y tener acceso a la preventa). En septiembre desveló Gold 001 en la pasarela, sobre los labios de las modelos de Prada. Pocos días después, le grangeó el primer contacto con el pueblo llano: lo llevó a las calles de París para probarlo en todo aquel que quisiese. Una acción de guerrilla deluxe que acabó por convertir las Tullerías en el epicentro del maquillaje dorado. El producto en sí era una especie de pigmento muy cubriente, tan versátil que servía para labios, ojos y también como iluminador. El paquete incluía lentejuelas doradas (un aderezo prescindible), una espátula y un envase de un líquido específico para convertirlo en gloss. ¿Lo han visto ustedes en las tiendas? Por supuesto que no: con un precio inicial de 40 dólares, se agotó a las pocas horas de ponerse a la venta en su tienda online.

La propuesta limitada resultó un plan sin fisuras: la señora de Murcia puede seguir sin conocer a Pat McGrath (tranquilos, todo llegará), pero media industria cosmética está como un cánido esperando que su amo le diga sit para obedecer. O lo que es lo mismo, hacerse con cualquier otro invento que la McGrath tenga a bien pergeñar. Como ejemplo, el segundo producto, Phantom 002, que salió a la venta el 15 de diciembre. Consistía en un kit de cuatro sombras (azul, amarilla, rosa y roja; en la imagen inferior), una crema negra y varios pinceles. Precio de salida: 240 dólares. Número de unidades a la venta: 1.500. Resultado: agotado en pocas horas.

Phantom002

A falta del lanzamiento oficial de la marca, previsto para 2016, Pat McGrath ha decidido comenzar su campaña vendiendo sus cafés (bien cargados) a los más cafeteros. Y la respuesta ha sido excelente. Confieso que estoy esperando con ansias el nuevo año para ser testigo del aterrizaje de toda su efusividad cromática en los grandes almacenes de medio mundo. No todos los días se puede ver a un icono de la industria transformarse en fenómeno global.

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No sin mi antiojeras

Foto: Getty Images.

Foto: Getty Images.

Podría vivir sin cualquier producto de maquillaje. Que me aspen si necesito la prebase, base, polvos matificantes, colorete e iluminadores. A mi neceser habría que hacerle la prueba del Carbono-14 para encontrar trazas de alguna sombra de ojos o algún delineador. Y, aunque soy extremadamente fiel a mis labios rojos, también en un momento dado renunciaría a ellos si fuera necesario.

Pero hay algo por lo que entregaría  mi alma al diablo y pagaría cualquier tipo de impuesto revolucionario (¿dónde tengo que entregar a mi primogénito?). Que nadie me pida que salga de casa sin el corrector de ojeras. Puedo haber pasado horas y horas en la biblioteca la noche anterior (ustedes ya me entienden, en vez de libros a veces sirven cervezas), puedo llevar una semana infernal de trabajo, puedo tener una agenda que parece la de un ministro alemán… bastan unas gotas de esa mágica poción en el párpado inferior para que, instantáneamente, de la sensación de estar recién aterrizada de una cura detox en algún carísimo balneario suizo.

Me gustan los correctores que tienen textura cremosa, porque me resultan mucho más fáciles de distribuir que los que son en lápiz o en barra. Y también siento que ayudan a hidratar la zona. Durante un tiempo usé el Superstay 24h de Maybelline por una simple razón: pincel aplicador, como los de los brillos labiales, me parecía de lo más práctico.

Luego, gajes del oficio, pasé al Mineralize Concealer de MAC. También tiene pincel. En su web explican que está enriquecido con minerales y botánicos para nutrir la piel. Mi experiencia personal es que hasta un niño de preescolar podría distribuir uniformemente el líquido sobre el párpado. Un niño que haya sabido elegir el tono adecuado, eso sí.

También he usado, con buenos resultados, Diorskin Star Concealer, de Dior. Y ahora, como creyéndome la Fernando Alonso de los correctores, estoy agotando mi primer tubito de Effacernes Longue Tenue de Lancôme. Es el único de los mencionados que no incorpora pincel para dummies. Se disponen unas gotas del líquido sobre la yema del dedo y de ahí se distribuyen bajo el ojo. Tampoco es física cuántica. Los expertos de la marca recomiendan que luego se incorporen la base o los polvos de color, pero cuando ya me lo he aplicado me veo tan bien que quiero escabullirme de los siguientes pasos. Y pienso… podría vivir perfectamente sin maquillaje.

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