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Mi primera colonia Chispas

perfumesinfantilesHubo un tiempo en que era fiel a los aromas, mucho antes de que aquel novio me pusiera los cuernos y trastocase para siempre mi capacidad de compromiso con los perfumes. Sin embargo, han pasado tantos años desde eso que los únicos olores que aún recuerdo con una sana nostalgia son… los infantiles.

Ejercité mis primeras notas frescas con la tríada iniciática de cualquier infante español: Nenuco, Denenes y Chupetín. Créanme, no hay tantos países en el mundo que bañen en colonia a sus bebés con la intensidad con la que Tetis metió a Aquiles en el río Estigia para hacerlo inmortal. Se podría decir que nacemos con la colonia puesta.

Me hubiera gustado tener mi primera colonia Chispas pero mi madre nunca se animó y, a día de hoy, su olor me resulta tan sintético que no podría ni acercarme a ella de modo voluntario. Eso sí, como adelantando con qué me ganaría las castañas, muchos otros clásicos hcieron escala en mi neceser: Farala (tenemos chica nueva en la oficina… ES JUVENIL), Don Algodón (qué lejanos se antojan ahora los tiempos en que las fragancias venían sin vaporizador), You and You (les sonará, quizá, por su anuncio), Mango (jamás entendí que el tapón se asemejara al de una laca de uñas), Eau Jeune y Chanson d’Eau (se me parecían mucho y nunca me acabaron de convencer), cualquiera de las versiones de Ágatha Ruiz de la Prada (Corazón, Flor, Agua…) e incluso Anaïs Anaïs (cuya adquisición solo se desbloqueaba cuando uno ya se manejaba con soltura con la paga semanal. O cuando alguien la regalaba, que era como siempre llegaba a mis manos).

En mi nostalgia particular destaca Agua de Vida de Gal, un aroma fresco pero con bastante sillage que recuerdo con especial cariño. De hecho, si tuviera que elegir un olor de mi infancia, sería este sin duda. Está tan absolutamente descatalogado que no me puedo hacer con él ni por eso de mantener viva a la niña que llevo dentro. Pero no me dejen enredarme tanto, ¿cuáles son perfumes que hacen despertar su pituitaria más temprana?

 

 

 

 

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Firmes propósitos para 2016

CantelloMe gusta hacer listas. El orden me ayuda a encauzar los dispersos planes que mi cerebro va trazando (y olvidando, en paralelo) sin ton ni son. También me gustan los propósitos. Pienso que una persona con un mínimo de ambición debe tener un buen puñado de propósitos que cumplir en su vida. O, al menos, en un plazo indeterminado de tiempo. Quizá en un listado. Justo al lado de la enumeración de líneas rojas que, dentro o fuera de la legalidad, está dispuesto a cruzar para conseguir sus objetivos. Es por eso que elaborar una lista con propósitos para el año que comienza se me antoja, aunque un poco moñas, una idea interesante. Y han tenido ustedes la fortuna (o la desgracia, luego me cuentan) de ser testigos de la mía de cara al 2016. Por motivos estrictamente profesionales (la temática de esta bitácora es la que es), reduciré los objetivos al territorio cosmético. Allá voy:

  • Siento la absoluta necesidad de saber más sobre la historia de la belleza. A veces tengo la sensación de que la información sobre un determinado producto, marca o ingrediente se queda en la superficie cuando podría rescatar datos interesantísimos de las profundidades de su biografía. El contexto y la perspectiva histórica deberían ser aliados imprescindibles de cualquier periodista. Aunque escriba de potingues. Me he hecho con un buen puñado de libros en los que se traza el árbol genealógico de labiales, maquillaje, perfumes e incluso cánones de belleza. No veo el momento de hincarles el diente.
  • Me gustaría (volver a) hacer una producción de fotos con el maquillador Tom Pecheux. Su trabajo me deja sin aliento. Este año que termina me ocurrió lo mismo con Linda Cantello (directora creativa de maquillaje de Giorgio Armani Beauty), una absoluta prestidigitadora de ese clásico contemporáneo que llamamos no make up make up, y, tras mucho ir y venir, conseguí verlo publicado en el número de noviembre (y en este mismo post, al comienzo). Mis compañeros de redacción saben el empeño que puse en sacar el proyecto adelante, así que apelaré a su paciencia, porque este año el nombre que más va a sonar en Harper’s Bazaar es el de Tom Pecheux. Así que no intentéis eclipsarme con vuestras historias de moda.
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  • No hablaré de las proezas de un producto o tratamiento que no haya probado. Sin embargo, si los he catado y me han gustado… podrán incluso pensar que me han sobornado por narrarles la chanza. Tal será mi pasión por descubrir las cosas que de verdad funcionan. Cuando no me gusten, les regalaré sapos y culebras. Sí, éste también es un objetivo de continuidad.
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  • Dejaré de obsesionarme con todo lo que hacen las hermanas Kardashian. No volveré a sorprenderme con lo vacío de contenido que está todo y, sin embargo, lo bien que les funciona. No perderé mi fe en la humanidad.
  • Miraré con más cariño los productos capilares. No digo que vaya a aprender a manejar unas planchas (muchos ya solo las conocen como stylers) pero, quién sabe, igual un día salgo a la calle tras haberme limpiado la melena con champú en seco. Por supuesto, os lo contaré cuando suceda. Vivo al límite.
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