En defensa de un oxímoron: el ‘gloss’ mate

Retromatte

Lo recuerdo como si fuera ayer. Desterramos el gloss de nuestros neceseres por una cuestión meramente práctica: no teníamos ninguna necesidad de andar retirando mechones que se habían quedado pegados a la boca. Y tampoco sentíamos especial predilección por lo pegajoso del asunto. El sabor en boca, que dirían los enólogos. Demasiado sticky, añadirían los anglófilos.

Hemos pasado una feliz temporada en brazos de los labiales de acabado mate. Más que feliz. Proporcionan un color de larga duración, no se dejan llevar por las rendijas del código de barras y, muy importante, ya se les puede poner un gato delante que no van a atraer pelos como si fueran un campo magnético de la talla del que rodea al bosón de Higgs. A mí me parece, realmente, un plan sin fisuras.

Sin embargo, en este entorno cíclico que es la cosmética, las marcas han sentenciado el regreso de los glosses. Ahora bien, conscientes del rechazo que el producto genera en el público han decidido cambiarles el nombre. Ahora se los conoce como labios líquidos, tinte labial (que ofrecen un ruborsito nada más) o, jugando con la analogía de las uñas en acabado gel, lacas de labios. Incluyen más cantidad aceite (esto elimina, en parte, el pegajosismo inherente al brillo de antaño) y son capaces de crecer incluso en el territorio más hostil: el del acabado mate.

Yo, que todavía no estoy preparada para regresar a terrenos vinílicos (fui early adopter del acabado mate y, me temo, cerraré la puerta al salir), estoy especialmente atraída por estos brillos que en realidad no brillan. Sí, también soy de las que bebe Coca Cola Zero Sin Cafeína.

He de confesar que ya he probado unos cuantos (todos rojos) y la aplicación no me parece precisamente recomendada para principiantes. Encajar bien la forma de los labios realmente requiere un pulso como para robar panderetas. Pero, una vez superado este pequeño escollo (al fin y al cabo es un labial, no una cirugía a corazón abierto), el resultado se me antoja de lo más convincente. Mi favorito, sin duda, es el Terrybly Velvet Rouge en tono My Red de By Terry. Es increíblemente cubriente, el color y la fijación se defienden durante horas y no tiene nada que envidiarle a un labial en barra.

Otros que he probado, con resultados igualmente satisfactorios, son el Retro Matte Liquid Lipcolour de M·A·C (en tono Feels So Grand, que requiere, además del pulso, un poco de maña para depositar el color de manera uniforme. A la imagen de apertura me remito), el Lip Maestro Lip Stain (algún día tenemos que hablar de esos nombres tan largos que ponen en maquillaje) en tono Drama Red de Giorgio Armani Beauty (un poco más cremoso que el anterior, igual de resolutivo) y el Soft Matte Lip Cream de NYX (en tono Monte Carlo, económico y eficaz). ¿Alguien más ha caído ya en el oxímoron del gloss mate o van directos al brillo sin parangón?

 

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