Usted forma parte de la generación ojera

large_breakfast_at_tiffanys_blu-ray_1Cada mañana constato que quien decidió estratificar la población por edades, separando a la Generación X (alumbrados entre 1960 y 1980) de los Millennials (nacidos entre 1980 y 2000) nunca viajó con todos ellos una mañana en el Metro de Madrid. Solo así se entiende que rompieran su vínculo de cuajo cuando, salta a la vista, los unen más cosas de las que los separan. Al menos a los que viajan en los vagones de la línea 2, que conforman una muestra poblacional tan buena como cualquier otra. A simple vista, hasta un ojo poco entrenado podría testificar que todos ellos, contando con las típicas excepciones que confirman la regla, son miembros activos de la Generación Ojera.

A menos que usted padezca de sarcopenia o sus progenitores le hayan dejado en herencia unos genes propensos a la hipercromía idiopática, el motivo de sus ojeras es, simple y llanamente, que ha dormido poco. No se preocupe. No está solo. La Generación Ojera incluye una explicación al por qué de sus desvelos: se levanta al alba para llegar a tiempo a un trabajo en el que le sobra mes al final del sueldo y en el que se requiere una dedicación casi exclusiva (¿familia? ¿hijos?, ¿conciliación laboral?). Al final de la jornada, el único anhelo que le queda es arrastrarse de vuelta a casa, cenar viendo la televisión, leer un poco y echarse a dormir. No siempre es posible: hay demasiados eventos pop up, copas afterwork, cenas de trabajo y reuniones de amigos como para encerrarse en su guarida hasta el día siguiente. Un miembro de la Generación Ojera jamás descarta un plan porque tiene que irse a dormir.

Quizá se les haya pasado por alto, pero las marcas cosméticas hace años que comenzaron a capitalizar este insomnio intergeneracional como auténticas aves rapaces. Algunas, como Vitesse y su Crema Efecto 8H de sueño, lo hacen a la franca: recomiendan esconder el cansancio crónico a golpe de hidratación. Hay que tener mucha fe para creerlo. Y sin embargo, esta propuesta es la punta del iceberg de una industria que ha invertido tiempo y esfuerzo en desarrollar un exitoso arsenal de productos para gente de vida agitada. Bases de maquillaje con efectos calmantes (“refresca la piel estresada”, rezaba un anuncio de Avon), antiojeras con activos reparadores, cremas nocturnas que regeneran los circuitos naturales de la piel (¿ein?) y mis favoritos, las ampollas de efecto flash. Prometen resultados instantáneos: revitalizan, hidratan, iluminan y desintoxican la piel. El auténtico sueño americano condensado en viales monodosis de 2ML.

Como buenos hijos del capitalismo de mercado, a la Generación Ojera le han enseñado que los signos visibles de la fatiga se pueden borrar con cremas de color y tratar, a largo plazo, con concentrados cargados de cafeína. Es más, cuando la recomendación consiste en dormir ocho horas y beber dos litros de agua al día, estallan en risas. ¿Esos no son los típicos consejos que dan las supermodelos cuando no tienen nada mejor que decir? ¿Alguien hace caso a eso? Y así nos va. Todos juntos, agotados, ojerosos y de camino al trabajo en la línea 2 del Metro de Madrid. Próxima estación: Retiro.

 

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