Hormiga de gimnasio

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En las clases grupales de gimnasio hay dos tipos de personas. Las que empiezan a calentar antes de que aparezca el profesor y las que, como hormiguitas, guardan toda su energía para cuando el punisher de turno de la clase de spinning grite con énfasis: “¡venga, más, no paréis ahora, con energía!”. Yo ni siquiera estoy en este último grupo. Ya me gustaría. A mí, cuando me piden que gire la ruedecita de la intensidad, sonrío, hago como que no he escuchado nada y sigo pedaleando. Quizá es que sea hormiga en extremo. ¿Qué pasa si me quedo sin energía (o dignidad) antes de que acabe la primera canción?

Justo en eso pensaba cuando fui a dar por inaugurada la triple rutina de B3B Woman Studio en la calle Ayala. Muchas de mis compañeras de sala estaban dando pedales desde cinco minutos antes de que llegara la profesora. Mujeres entregadas, que se dice. Yo, me senté y esperé. En tres cuartos de hora iba a cansarme de dar bici, boxeo y ballet. ¿Se creen que con la intensidad que prometían me iba a poner a calentar? Perdonen, pero sé dosificarme. Y, sobre todo, contener mis ansias atléticas.

El caso es que allí me planté, con mis leggings y mi camiseta de riguroso luto fashionista, salpimentados con el azul y fucsia de las zapatillas Pure Boost X de Adidas. Este calzado, pensado especialmente para correr, es mi último gran descubrimiento para animarme a practicar ejercicio. En realidad yo no soy una runner ni nada que se le parezca (bueno, una vez consegui cruzar a trote mi barrera psicológica de 90 segundos, pero casi me tienen que recoger los del SELUR. Desde entonces esa es mi marca personal y no me veo capaz de batirla), pero estoy fascinada con su esponjosidad. Os juro que hacer deporte con ellas es como flotar. A ver, flotar no. Pero como si la gravedad de la tierra de repente fuera la de la luna. Y te apetece saltar, correr y dar puñetazos porque todo es mucho más liviano. Perfecto para hormigas con vocación de cigarra, vaya.

Sea como fuere, en B3B comenzó a sonar Justin Bieber. Pueden llamarme mainstream, pero soy de las que piensa que no hay como un buen jitazo para pedalear agusto. Y vaya si pedaleamos. Quince minutos sin parar. Leído así, desde la comodidad de su smartphone, les parecerá pecata minuta, pero los invito a probarlo. Había que subir y bajar del sillín tantas veces que tuve que dejar de hacerlo porque me mareaba. Alguna vez he comentado en este foro que soy la Lena Dunham de cualquier gimnasio en el que tengan a bien aceptarme.

La siguiente escala fue en un ring ficticio con mi propio punching ball. Amigos, no hay estrés que se mantenga en el cuerpo después de un par de series de directos, jabs y ganchos. Resulta que con el boxeo no solo se queman calorías a cascoporro (entre cada series se hacían flexiones y otras pesadillas de gimnasio), sino que es de lo más divertido. A cada puñetazo pensaba: esto tengo que hacerlo más a menudo. Créanme, no es un pensamiento que me venga a la cabeza en una sala de gimnasio.

Y, finalmente, el placer del ballet. O lo que viene siendo la excusa perfecta para estirar bien los músculos y evitar lesiones posteriores. Cuarenta y cinco minutos despues, por fin, pude disfrutar del descanso de la hormiga aventurera (a la imagen de apertura me remito). Sin embargo, hay quien no sabe dar por terminada una clase y prefiere quedarse en la sala estirando o regresando al ring. Les diré una cosa, no solo son más papistas que el Papa, sino que por lo que pude comprobar, el sobreesfuerzo tampoco les sale tan a cuenta. Hormiguita forever.

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2 comentarios en “Hormiga de gimnasio

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