¡Hola, soy tu pedicura!

mermaidHablábamos de celulitis y se me quedó el runrún de la pedicura. ¿Cómo pudo pasar el tema tan desaparecido? La única explicación lógica es que el 99% de mis compañeros comparten carga genética con La Sirenita (al convertirse en humana) y disfrutan de unos pies prodigiosos dignos de admiración. La pareja del 1% restante, sin embargo, es susceptible de tener las piernas como recién salidas de un zarzal tras los roces tobilleros.

Quienes no compartimos ninguna secuencia del ADN con princesas de Disney (¡ouch!) deberíamos disponer de algún utensilio que nos ayude a limar las diferencias. A mi me gustan las limas de cerámica de Beter (recomendación de uso: en la ducha, entre el enjabonado y el aclarado) y, cuando me atrevo a hacerlo a pelo (esto es, en seco) me decanto por el pulidor de The Body Shop. Pero con eso no basta.

A lo largo de los años, quizá debido a mi profesión (pero muy probablemente a causa de una incapacidad galopante para comprometerme con ningún tratamiento a medio o largo plazo) he variado mis rutinas plantares. Limas, piedras pómez y demás inventos manuales han pasado con más pena que gloria por mis neceseres hasta que (¡oh, sorpresa!) desaparecían de mi vista tras alguna mudanza. Luego descubrí los aparatos eléctricos. Aquello era como subirse a un Rolls Royce tras haber viajado toda la vida de paquete en una moto. Durante un tiempo usé el Micro PEDI, y funcionaba muy bien, pero era una máquina de tragar pilas y, en un acto de rebeldía, dejé de cambiárselas y lo abandoné en un cajón. También ha pasado por mis durezas el Velvet Smooth de Dr. Scholl, con resultados similares.

El principal problema con el que me he encontrado siempre a la hora de conseguir una buena pedicura casera es la (entiéndase, mi propia) constancia. Soy incapaz de recordar convertirme en la hormiguita de las durezas cada día de mi vida. El despiste es tal, que hay semanas que ni las miro. Otras veces, he de confesarlo, el caballo de batalla es la pereza. Y, claro, acaban creciendo tanto que cuando regreso a ellas puedo ver a Jon Nieve defendiendo El Muro.

Mi enésimo intento por ganarme el Trono de Hierro de la pedicura pasa por conseguir fidelizarme al último aparato coronado en mi cuarto de baño: Pedi de Clarisonic. Llevo ya un par de semanas con él y he de decir que estoy contenta. Al menos todo lo satisfecha que puede estar una persona que hace pellas prácticamente a diario.

Como su hermano mayor, el cepillo de limpieza facial Clarisonic, esta lima (y cepillo exfoliante cuando se cambia el cabezal) funciona con la tecnología sónica. O lo que es lo mismo, un sistema rotatorio que no gira completamente, sino que hace oscilar la lima muy rápidamente para eliminar pieles muertas al suave contacto con la piel. Además, el paquete iniciático para dummies (como yo) incluye una crema exfoliante, un aceite ultrahidratante (desde la marca comentan que es tan potente que solo recomiendan su uso un par de veces por semana) y un bálsamo para sellar la hidratación. Es fácil, cómodo, práctico y, encima, se soluciona en un par de minutos. Parece un plan sin fisuras.

¿Durará el romance? Como en la vida real, solo el tiempo dirá. A día de hoy, mis amohadillas no soportarían una pedi cam y, probablemente tampoco una escena en un bote con el príncipe Eric para convencerlo de que soy la única. Pero tampoco veo a Jon Nieve defendiendo el fuerte de los Caminantes Blancos… Y eso me da ánimos para seguir limando asperezas hasta poner el Trono de Hierro a mis pies.

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2 comentarios en “¡Hola, soy tu pedicura!

  1. Yo las mías las cuidaba con más o menos gloria (véase con más ahínco en verano, olvidándome de ellas en invierno) hasta que me saqué un novio que practica pesca submarina. ¿Y qué tendrá que ver? Pues que sus sitios favoritos para pescar son calas de rocas en que más te vale tener pies de hobbit para no acabar con los pies escaldados (o heridas).
    Con lo que ahora sólo me cuido un poco el talón para que no se vea feo cuando llevo sandalias y ya está.
    Es lo que tiene vivir en una isla y querer huir de turistas en “calas vírgenes”.

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