Lo que (de verdad) llevo en mi bolso

IMG_1174BLOGReconozco que Pepa Marcos me ha picado. En su blog, El amor en tiempos de Tinder acaba de enumerar lo que se debe incluir en el bolso cuando regresas al mercado (carnal, se entiende). En los bolsillos interiores de su hobo no encontraréis esa retahíla de productos de lujo que enumeran las estrellas cada vez que se les pregunta. Está, sin embargo, llenito a rebosar de porsiacasos que lo mismo sirven para pasar una noche fuera que para recorrer la India en tren.

Vengo aquí a confesar que la principal aportación al PIB de mi shopper no tiene nada que ver con la suya. En mi caso el grueso proviene de esos millones de papelajos que todavía llevamos los periodistas (desde libros a agendas pasando por libretas, grabadoras y unas cuantas libretas más). Texty is the new sexy, o eso dicen (aunque este cuerpo teórico carece de pruebas empíricas). El condenado pesa como si yo sola cargase a diario con la prima de riesgo griega, pero aparte de la mencionada Enciclopedia Británica, mi pack de rescate es más bien escueto. Y me dejo de preámbulos. Paso a enumerar los productos que acarreo en un neceser de tela que no supera el tamaño de un sobre y que parece el bolsillo de Doraemon.

No falla el protector solar. Ahora mismo reluce el tubito naranja del SPF 50 de amplio espectro de Eau Thermale de Avène. MUY resistente al agua, explica la marca. Imprescindible en un clima mediterráneo y con un envase cuyo tamaño y peso es aceptable, añadiría yo. A su lado, un clásico de los bolsos de las celebrities: el Touche Éclat de Yves Saint Laurent (demasiado cómodo como para prescindir de él, ya he hablado de mi devoción judeocristiana hacia el corrector de ojeras). Incluyo en el set de herramientas un par de espejos de bolsillo. Sin ellos, acabaría pareciendo el payaso tristón de un circo de provincias. ¿Perfume? Pues también, en un mini-vaporizador de Sephora he añadido unas cuantas gotas de Flowerbomb de Viktor&Rolf y lo voy rellenando (de higos a brevas) cuando toca.

La joya de la corona de mi kit de tránsito está compuesta por los labiales. Ahora mismo llevo tres, pero cuando paso tiempo sin organizar el cubículo puedo acumular hasta siete. Sin despeinarme y sin sentir sensación de mayor peso en mi biblioteca rodante. Soy lo más parecido a una urraca, pero en vez de con el oro con los pintalabios rojos. Los que viajan en este momento conmigo son Russian Red de MAC (un clásico entre los clásicos que sirvió a Madonna en su Blond Ambition World Tour de 1990) y Lasting finish by Kate Moss 01 de Rimmel London (nunca me cansaré de recomendar esta maravilla). El tercero en discordia sirve para esos (raros) momentos en que no quiero o no necesito color. Lip Glow de Dior revela un ligero rubor al aplicarlo. Como ese famoso labial marroquí, pero sin la fábula mágica y con las garantías sanitarias de la unión europea.

En resumen, mi walk of shame de la mañana siguiente (arriba, en la imagen) es una hazaña digna de MacGyver. ¿Qué haríais vosotros con un protector solar, un corrector de ojeras, un espejo, un perfume y tres labiales?

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